miércoles, marzo 18, 2009

Un museo de mamíferos fabulosos (7)

Quizás hace tanto como cinco mil años, un grupo de marineros encontró los cráneos de una raza de gigantes horribles, que los antiguos griegos dieron en llamar cíclopes. Moradores de una tierra mítica, estas criaturas confiaban el destino de sus cosechas a sus dioses malvados y devoraban a todos los seres humanos que encontraban. No sorprende, entonces, que los cíclopes aterrorizaran a los europeos durante generaciones. Todavía hoy es posible encontrar parientes de estos monstruos vagando por la sabana africana, en las junglas de la India o, incluso, comiendo maníes de la mano de los niños en los zoológicos urbanos. En realidad, los marineros de la antigua Grecia habían dado con cráneos de elefantes. Lo que ellos interpretaron como la cavidad de un único ojo es, en realidad, la abertura nasal para la trompa del elefante. Durante siglos la comprensión científica de los mamíferos, tanto de las especies actuales como de las extinguidas, ha mejorado considerablemente. Sólo que los científicos también se equivocan.

Año: 1788.
Científicos: Juan-Bautista Bru y Georges Cuvier.
Publicado por primera vez en: Squelette trouvé au Paraguay (reimpreso en Ossemens Fossiles, de 1812).
Publicación actual: Fossils: Evidence of Vanished Worlds, de Yvette Gayrard-Valy y Scenes from Deep Time: Early Pictorial Representations of the Prehistoric World, de Martin J. S. Rudwick.

Esta fue una de las primeras articulaciones de un fósil del mundo —esto es, usando huesos de un mismo animal— y, de hecho, no es un mal trabajo. Poco después de desenterrar el esqueleto, de tamaño similar al del elefante, se lo montó en una posición propia de un perezoso gigante, y Cuvier lo clasificó en el mismo orden. Aunque dicho naturalista reconocía que el mundo había sido habitado por animales muy diferentes a los actuales, nunca llegó a admitir que éstos podían evolucionar. Los ibises momificados de Egipto, muy parecidos a los actuales, constituyeron para Cuvier una prueba convincente de que los organismos no cambiaban.

Fuente: Strange Science (en inglés).

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