domingo, junio 29, 2008

A cien años del impacto de Tunguska


A eso de las 7:17 de la mañana del 30 de junio de 1908, un hombre se encontraba sentado en el porche del frente de una posta comercial de Vanavara, en Siberia. En un momento, a poco más de 60 km del centro de una inmensa explosión de origen desconocido, fue despedido de su silla y el calor se hizo tan intenso que sintió como si su camisa ardiera. El hombre en la posta de comercio, junto con otros en una casi deshabitada región de Siberia, cerca del Río Podkamennaya Tunguska, fueron testigos accidentales de la historia cosmológica.

"Quien quiera iniciar una conversación con alguien cuyo trabajo está relacionado con los asteroides, todo lo que tiene que hacer es mencionar a Tunguska", dijo Don Yeomans, director de la Near-Earth Object Office (NEO) u Oficina de Objetos Cercanos a la Tierra, organismo dependiente del JPL de la NASA. "Es la única entrada de un gran meteorito que se tiene de la era moderna con testimonios de primera mano."

Aun cuando el impacto ocurrió en 1908, hubo que esperar 19 años para la primera expedición científica al área. Leonid Kulik (en la imagen), el encargado principal de la colección de meteoritos del Museo de St. Petersburgo, condujo en 1921 una expedición a Tunguska. Pero las difíciles condiciones del interior siberiano frustraron el intento del equipo de llegar al área de la explosión. Una nueva expedición, dirigida nuevamente por Kulik, logró el objetivo en 1927.

"Al principio los lugareños fueron reticentes con Kulik acerca del acontecimiento", dijo Yeomans. "Creían que la explosión había sido una visita del dios Ogdy, quien había maldecido el área al haber derribado los árboles y matado a los animales."

Si bien al comienzo fue difícil obtener testimonios, había muchas pruebas esparcidas por el terreno. Casi 1300 km cuadrados de bosque remoto habían sido partido en dos. Ochocientos millones de árboles habían sido derribados y estaban tendidos siguiendo un patrón radial.

"Esos árboles eran como señales, porque apuntaban directamente hacia el epicentro de la explosión", agregó Yeomans. "Más tarde, cuando el equipo llegó al lugar exacto de la explosión, encontraron que los árboles se mantenían de pie, pero habían perdido las ramas y la corteza. Parecía un bosque de postes telefónicos."

Tal desmembramiento requiere ondas expansivas a una velocidad que arranque las ramas de los árboles antes de que éstas puedan transferir el momento de impacto al tronco del árbol. Treinta y siete años después de la explosión de Tunguska, se encontraron árboles sin ramas en la zona de otra explosión masiva: en Hiroshima, Japón.

Las expediciones de Kulik —viajó a Tunguska en tres ocasiones— lograron que algunos de los lugareños finalmente hablaran. Uno fue el hombre que vivía en la posta comercial de Vanara, que fue testigo del calor de la explosión mientras era arrojado a varios metros de distancia. Su testimonio dice así:
De repente, en el cielo del norte... el cielo se partió en dos, y toda la parte norte del cielo sobre el bosque pareció cubrirse de fuego... En ese momento hubo un estruendo en el cielo y un impacto violento... El impacto fue seguido por un ruido como a piedras cayendo del cielo, o de armas de fuego. La tierra tembló.
La enorme explosión causó un golpe muy fuerte. La onda de choque sísmica resultante fue registrada por los barómetros de detección en zonas tan alejadas como Inglaterra. Se formaron densas nubes sobre la región en las altitudes elevadas que reflejaron la luz del Sol más allá del horizonte. Los cielos nocturnos brillaron intensamente y hubo informes que señalaban que gente viviendo tan lejos como Asia pudo leer el diario al aire libre a la medianoche. En la zona del impacto murieron centenares de renos, el medio de vida de los pastores locales, pero no hay prueba directa alguna de la muerte de personas debido a la explosión.

"Un siglo después, algunos todavía discuten la causa y proponen diferentes escenarios como causa de la explosión", dijo Yeomans. "Pero la teoría que cuenta el acuerdo general es que en la mañana del 30 de junio de 1908 una gran roca espacial, de casi 40 metros de ancho, penetró en la atmósfera de Siberia y luego detonó en el cielo."

Se estima que el asteroide penetró en la atmósfera de la Tierra a unos 54 mil km por hora. Durante la rápida caída, la roca espacial de 110 mil toneladas elevó la temperatura del espacio circundante a casi 25 mil grados centígrados. A las 7:17 h (tiempo local de Siberia) la combinación de presión y calor hizo que el asteroide se fragmentara y auto-aniquilara a unos 8.500 metros de altura, creando un bólido y emitiendo la energía equivalente a unas 185 bombas de Hiroshima.

"Por eso no hay cráter de impacto", explicó Yeomans. "La mayor parte del asteroide se consumió en la explosión."

Yeomans y sus colegas del NEO tienen como misión el trazado de las órbitas de los cometas y asteroides actuales que cruzan la trayectoria de la Tierra y puedan representar una amenaza potencial a nuestro planeta.

Yeomans estima que en promedio un asteroide del tamaño del de Tunguska penetra en la atmósfera de la Tierra una vez cada 300 años. Como se cumple el centésimo aniversario del acontecimiento de Tunguska, ¿significa esto que por 200 años estamos a salvo de los meteoritos?

"No necesariamente", contestó Yeomans. "Los 300 años entre acontecimientos del tipo Tunguska es un promedio basado en la mejor ciencia a nuestra disposición. Pienso en Tunguska todo el tiempo desde una perspectiva científica, pero pensar que ocurra otro Tunguska no me hace perder el sueño."

Fuente: NASA/JPL (en inglés). Imágenes: fuentes varias.

Actualización: Imagen satelital de la región de Tunguska.

Del.icio.us Menéame

2 Sofismas:

El dom. jun. 29, 10:38:00 p. m. 2008, Blogger enigmas PRESS / Gandica escribió...

No sé si conoces el archivo fotográfico del Museo Ruso La primera expedición rusa que se hizo a la zona años después y la estampilla que editó el gobierno ruso.

Saludos.

 
El lun. jun. 30, 05:56:00 p. m. 2008, Blogger el sofista escribió...

No, no lo conocía. Muchas gracias por el enlace.

Ciao.

 

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