Al mirarlas es posible obtener, por lo menos, una vaga idea tanto de la fuerza de ese remolino salvaje como también de lo hermosas y cautivadoras que esas tormentas pueden llegar a ser. Por supuesto, por sólo mirar no es posible sentir ninguno de los inconvenientes que suelen ocasionar. Es una sensación muy parecida a cuando uno contempla la imagen de la colisión de galaxias espirales o la ilustración de un agujero negro: son objetos magníficos pero mejor tenerlos a una distancia prudente.
Enlace a la nota de WebEcoist con todas las fotografías (en inglés).Actualización: Veo en Menéame que la última de las tormentas parece haberse reproducido vía Photoshop y ha desarrollado su furia digital sobre diversos geopíxeles de la Tierra. ¿Qué queda de natural en la naturaleza?
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